miércoles, 6 de junio de 2018

Sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado

¿Qué es el SIBO? Sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado
Conceptos actuales sobre los factores de riesgo predisponentes, manifestaciones clínicas, opciones diagnósticas y terapéuticas en atención primaria
► Antecedentes
En atención primaria es extremadamente común la consulta por síntomas gastrointestinales (GI), lo que destaca la importancia de conocer la presentación, etiología y manejo de los síndromes GI comunes. Uno de ellos es el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (conocido como SIBO por sus siglas en inglés), el cual es un diagnóstico frecuente en el ámbito de la atención primaria y la gastroenterología. A menudo, el síndrome de disbiosis identificad9 como SIBO, pero a veces se lo denomina síndrome del asa ciega o del asa estancada. Este síndrome fue descrito por primera vez por Faber en 1897, como un caso de “síndrome del asa ciega "en un paciente con estrecheces Intestinales.
Aunque la prevalencia del SIBO es difícil de determinar, se estima que en los Individuos sanos se halla entre el 0% y el 15,6%, con mayores porcentajes a mayor edad y presencia de comorbilidades médicas. El SIBO suele ser considerado en el diagnóstico diferencial debido a su presentación inespecífica. Hasta ahora, ha sido difícil establecer un consenso sobre la definición exacta del SIBO, el cual puede ser ampliamente definido como el exceso de bacterias en el intestino delgado. Actualmente, la definición más aceptada se basa en el número de bacterias en el intestino delgado (105 UFC/ml, aunque algunos se inclinan por un umbral de 103 UFC/ml). En la actualidad están en revisión las implicancias clínicas, e incluso los propios criterios diagnósticos.
El SIBO es un síndrome de proliferación patológica de bacterias de tipo colónico en el intestino delgado

► Etiología
Como sucede con muchas enfermedades, no parece haber una etiología subyacente única del SIBO. Las anormalidades en la anatomía, la motilidad, el pH y la Inmunidad contribuyen al desarrollo de la disbiosis, lo que permite la proliferación de bacterias coliformes o la penetración de las bacterias de tipo oral. Esta disbiosis se caracteriza por la presencia de bacterias de tipo colónico que fermentan los carbohidratos, lo que lleva a la producción de gas. Los factores de riesgo anatómicos pueden ser intrínsecos, traumáticos o iatrogénicos.
Los factores de riesgo anatómicos intrínsecos del intestino delgado incluyen la obstrucción, los divertículos y las fístulas. Los individuos con antecedente de intervención quirúrgica abdominal pueden estar en mayor riesgo debido a la alteración intencional de la anatomía existente (por ej., anastomosis Roux-en-Y) o a las complicaciones postoperatorias, como las estenosis y las adherencias. Estas alteraciones anatómicas pueden provocar dismotilidad, que puede aumentar independientemente el riesgo de SIBO.
Se puede observar dismotilidad primaria pero mucho más común es ladismotilidad secundaria, que puede ser la consecuencia de una enfermedad sistémica, irradiación o la administración de medicamentos. Las enfermedades sistémicas subyacentes que alteran la motilidad y se asocian con SIBO son la enfermedad de Parkinson, la esclerosis sistémica, el hipotiroidismo y la diabetes mellitus.
El aumento de la incidencia de SIBO con la edad se debe probablemente a alteraciones de la motilidad. Como siempre, los medicamentos tienen una participación importante y los narcóticos son muy dañinos por sus efectos sobre la motilidad gastrointestinal. Otra clase de medicamentos que han sido implicados son los inhibidores de la bomba de protones, por su efecto sobre el pH de la barrera gástrica entre los tramos GI superior e inferior.
En este punto ha habido cierta controversia en cuanto a su contribución, pero la evidencia reciente indica que existe una fuerte asociación. También se sabe que la hipoclorhidria aumenta con la edad, lo que junto con la alteración de la motilidad y la inevitable polifarmacia ayuda a explicar el mayor riesgo de SIBO con el envejecimiento. Aparte de estos factores de riesgo clásicos, los estudios han demostrado una mayor prevalencia de SIBO en pacientes con cirrosis, enfermedad celíaca, obesidad mórbida, pancreatitis y, de manera algo polémica, el síndrome del intestino irritable (SII). Esta controversia del SII tiene consecuencias en atención primaria porque los trastornos GI funcionales son bastante comunes.

► Manifestaciones clínicas y diagnóstico
Distensión, flatulencia, dolor abdominal y diarrea
A menudo, el SIBO interviene en el diagnóstico diferencial debido a la variedad de personas en riesgo y a su presentación es inespecífica. La presentación clásica del SIBO es la esteatorrea, la distensión abdominal y la pérdida de peso, pero esta presentación es poco frecuente. Más comúnmente, los pacientes informan distensión, flatulencia, dolor abdominal y diarrea.
En los casos más graves, los pacientes pueden experimentar malabsorción que conduce a la pérdida de peso y la malnutrición. Los pacientes con síntomas graves están en riesgo de diversas deficiencias, especialmente de las vitaminas A, D, E, B12 y hierro. Estas deficiencias, a su vez, pueden provocar anemia microcítica, polineuropatía y enfermedad ósea metabólica. Los autores señalan que habitualmente la vitamina K no se ve afectada porque es un subproducto del metabolismo bacteriano. La presentación inespecífica propone un diagnóstico diferencial amplio y hace difícil el diagnóstico clínico, con un alto grado de confianza pretest. De hecho, los estudios recientes han mostrado una prevalencia similar de síntomas en aquellos con pruebas diagnósticas positivo vs. negativas.
Por lo tanto, las pruebas clínicas son esenciales para el diagnóstico de SIBO. Se han estudiado varias opciones de pruebas, como los ensayos terapéuticos con antibióticos, la aspiración y del intestino delgado y el cultivo y, la prueba del aliento, las  cuales tienen fortalezas y debilidades.
Un método utilizado con frecuencia es el ensayo terapéutico con antibióticos debido al potencial diagnóstico y terapéutico que poseen. Sin embargo, aun si los pacientes no responden, el diagnóstico no puede ser descartado. La indicación de antibióticos para pacientes con síntomas comunes inespecíficos asociados al SIBO no está exento de riesgos, incluidas la posibilidad relativa del riesgo de efectos adversos no deseados, resistencia a los antibióticos y colitis por Clostridium difficile. Otra preocupación de dicho tratamiento es que no hay criterios establecidos para definir una respuesta al tratamiento.
Este problema es especialmente válido en los pacientes con comorbilidades que potencialmente contribuyen a los síntomas, como el SII. Estos pacientes pueden mejorar los síntomas, pero probablemente se debe más al efecto sobre el colon que sobre la fermentación en el intestino delgado. Esto puede conducir al uso de regímenes recurrentes de antibióticos y al riesgo de la aparición de efectos adversos de los antibióticos. Por último, los pacientes con factores de riesgo de SIBO y síntomas compatibles pueden ser candidatos apropiados para el tratamiento antibiótico empírico, siempre y cuando los prestadores lo comuniquen claramente a sus pacientes.
Factores de riesgo para el desarrollo de sobrecrecimiento bacteriano de intestino delgado
Categoría
Etiologías
Anatómica

 Obstrucción anatómica del intestino    delgado
 D Adherencias
 D Divertículos del intestino delgado
 Fístula
 D Alteración anatómica posquirúrgica
Dismotilidad
 Dismotilidad primaria (por ej.,  gastroparesia)
 Enfermedad de Parkinson
 Escleroderma
 Hipotiroidismo
 Diabetes mellitus
 Gastroparesia
 Medicamentos narcóticos
Alteraciones del pH
 Aclorhidria
 Inhibidores de la bomba de protones
 Edad avanzada
Inmunológica
 Deficiencia de IgA
 Variable combinada
 inmunodeficiencia
 Virus de la inmunodeficiencia humana
Miscelánea
 Cirrosis
 Obesidad mórbida
 Pancreatitis
 Síndrome del intestino irritable
La prueba del aliento es el método para el diagnostico de SIBO más ampliamente disponible y menos costoso. Las pruebas de respiración detectan la presencia de metano e hidrógeno, los cuales no se producen en el organismo de los seres humanos. El metabolismo de los carbohidratos en el intestino delgado, en presencia de bacterias colónicas, conduce a cambios en las concentraciones de hidrógeno y metano. Las soluciones de lactulosa y glucosa se utilizan como sustrato de los hidratos de carbono. Antes de la prueba, los pacientes deben estar libres de antibióticos 2 semanas, evitar los alimentos ricos en fibra (verduras y panes) el día anterior y estar en ayunas desde 12 horas antes de la administración del sustrato.
Los resultados de las pruebas pueden ser variables debido a diversos factores del huésped, tales como los tipos y proporciones de las bacterias colonizadoras, los carbohidratos residuales, la capacidad de absorción intestinal e, incluso, la edad y el sexo del paciente. Aunque la prueba del aliento brinda un umbral de diagnóstico objetivo, no hay consenso respecto de su interpretación.
Los estudios que buscan validar la prueba del aliento han calculado una sensibilidad y especificidad del 31% al 77% y, del 44% al 100%, respectivamente, lo que origina tasas positivas falsas elevadas. Estos factores han dado lugar a controversias sobre la utilidad diagnóstica de la prueba del aliento en el SIBO. La prueba de la glucosa en el aliento fue refrendada por la Rome Consensus Conference in 2009 como una prueba optativa útil cuando existe la sospecha de SIBO, pero la evidencia más reciente está en contra de la prueba del aliento como herramienta de diagnóstico.
Aunque no hay un estándar de oro acordado para la prueba, la prueba más ampliamente aceptada es la aspiración del intestino delgado y el cultivo del contenido yeyunal. Sin embargo, en la práctica, la mayoría de los aspirados se obtiene del duodeno durante la endoscopia superior. La definición de SIBO más ampliamente aceptada en la actualidad se b asa en la cuantificación del crecimiento bacteriano en el aspirado del intestino delgado.
Por lo tanto, la prueba definitiva es la aspiración y el cultivo. No obstante, incluso esta prueba tiene sus limitaciones, aparte de los obstáculos evidentes provenientes de la invasividad de la endoscopia, el consumo de tiempo para su ejecución, la necesidad de sedación y el costo. La capacidad de diagnóstico de la prueba está limitada por un consenso sobre qué define el diagnóstico de SIBO. La mayoría de los gastroenterólogos acepta un umbral de crecimiento bacteriano >105 UFC/ml, pero algunos prefieren 103 UFC/ml. Por otra parte, la prueba tiene limitaciones como la contaminación por bacterias esofágicas y orales, dando lugar a resultados positivos falsos, y la imposibilidad de alcanzar el intestino delgado distal, lo que conduce a resultados negativos falsos.
Resumen del enfoque para el diagnóstico y tratamiento del sobrecrecimiento de bacterias intestinales
Categorías
Curso de acción
Factores del paciente
 1. Evaluar los signos y síntomas compatibles con SIBO
 Diarrea
 Distensión
 Malestar abdominal
 Meteorismo
 Pérdida de peso
 2. Evaluar los factores de riesgo
 3. Si los signos y síntomas están presentes en pacientes  con factores de riesgo, considerar la evaluación diagnóstica

- Ninguno/pocos factores de riesgo, síntomas benignos:  considerar otra etiología (por ej., enfermedad celiaca,  síndromes gastrointestinales funcionales) antes de la prueba  para SIBO
Diagnóstico y pruebas 
 1. No hay pruebas disponibles: considerar tratamiento antibiótico empírico
 2 .Examen del aliento disponible: considerar para el diagnóstico por primera vez
 3.Endoscopia superior indicada para descartar otra etiología: aspiración duodenal
Tratamiento
 1. Eliminar los factores de riesgo
 2. Tratamiento de primera línea: ciprofloxacina 250 mg, 2 veces/día, durante 7 días
 - Opciones terapéuticas de segunda línea: doxiciclina, amoxicilina, metronidazol y rifaximina
 3. Síntomas recurrentes (<3 ocurrencias/año): repetir el mismo curso antibiótico
 4. Síntomas recurrentes (>3 ocurrencias/año) con alta certeza diagnóstica: rotar antibióticos cada 1-2 meses
 
Las pruebas antes mencionadas también tienen limitaciones importantes, lo que origina la necesidad de mejores pruebas diagnósticas. Esto es de gran importancia en los pacientes con SII y otros síndromes GI funcionales. Como se señaló antes, la terapia empírica es una opción terapéutica menos deseable pero la prueba no invasiva es de poca o ninguna utilidad en estos pacientes. La repetición de las pruebas invasivas lleva consigo el problema tanto del gasto como de la seguridad, limitando aún más las opciones. La investigación en curso es prometedora en cuanto a las técnicas para mejorar la especificidad de las pruebas del aliento, lo que puede ser útil en esta población de pacientes.

► Manejo
Él manejo del SIBO, al igual que el diagnóstico, puede ser difícil. Los antibióticos son el sello distintivo porque se trata de un síndrome de crecimiento bacteriano patológico. En un metaanálisis reciente se demostró que la terapia antibiótica es superior al uso de placebo en la resolución del síndrome, medido por la normalización de la prueba del aliento. Se han utilizado variados antibióticos, siendo los más comunes la ciprofloxacina, el metronidazol, la neomicina, la rifaximina y la tetraciclina.
En el metaanálisis mencionado, la tasa global de normalización de la prueba del aliento con la terapia antibiótica fue del 50% comparada con el 10% para el placebo. El antibiótico más estudiado es la rifaximina, que en el metaanálisis tuvo una eficacia similar a la de la ciprofloxacina y el metronidazol. La rifaximina puede ser preferible debido a su falta de biodisponibilidad sistémica intrínseca, pero su costo puede ser una limitación. Los regímenes comúnmente utilizados son: 250 mg de ciprofloxacina oral, 2 veces/día durante 7 días; 250 mg de metronidazol p oral, 2 veces/día durante 7 días.
En los pacientes que tienen contraindicaciones para recibir antibióticos o que prefieren evitarlos, hay otras opciones limitadas. Una opción es ensayar una dieta elemental, que incluye nutrientes que se absorben en el intestino delgado proximal. Se ha demostrado que este tipo de dieta normaliza la prueba del aliento y mejora los síntomas en una gran proporción de pacientes. Sin embargo, el uso generalizado de las dietas elementales es poco probable dado su carácter restrictivo. Muchos han defendido a los probióticos para el tratamiento de múltiples condiciones GI, pero la evidencia de los probióticos como tratamiento para el SIBO no es concluyente, y en el mejor de los casos son de poca utilidad terapéutica. También se han evaluado los regímenes herbarios y homeopáticos, pero falta evidencia que apoye un régimen específico.
Por último, el SIBO suele ser una condición con recaídas dado que es un proceso secundario. Como se discutió anteriormente en este documento, existe una variedad de factores que favorecen el desarrollo del SIBO. Es preferible modificar estos factores (por ej., eliminar las adherencias intraabdominales), pero con frecuencia es imposible. Las infecciones recurrentes pueden ser tratadas con la repetición de cursos de antibióticos o con regímenes alternativos de antibióticos. Los estudios que evaluaron procinéticos reportan resultados prometedores para prevenir la recurrencia, pero se necesitan más datos para determinar su potencial para ser usado más ampliamente.

► Conclusión
El SIBO es un síndrome de proliferación patológica de bacterias de tipo colónico en el intestino delgado, generalmente observado en personas predispuestas. Esto puede provocar síntomas GI inespecíficos. Principalmente, los pacientes solicitan atención médica en atención primaria. Existe falta de acuerdo en los enfoques diagnósticos y terapéuticos, pero hay opciones potenciales como el tratamiento empírico y las pruebas del aliento. En ámbitos más amplios de atención de la salud se puede disponer de la aspiración del intestino delgado como prueba definitiva, pero tiene mayor costo y riesgo. Independientemente del enfoque diagnóstico, se puede discernir sobre el uso de la terapia antibiótica junto con la eliminación o modificación de los factores de riesgo.
Resumen y comentario objetivo: Dra. Marta Papponetti

Diarrea Cronica

Rev Col Gastroenterol vol.19 no.2 Bogotá Apr./June 2004

 

Diarrea crónica. Diagnóstico y evaluación clínica
Luis F. Pineda Ovalle (1), William Otero R. (2), Víctor Arbeláez M.(3)
(1)MD. Internista, Gastroenterólogo, Epidemiólogo. Centro de Enfermedades Digestivas. Servicio de Gastroenterología, Hospital El Tunal. Bogotá, Colombia.
(2)MD. Internista, Gastroenterólogo, Epidemiólogo. Profesor de Gastroenterología Universidad Nacional de Colombia. Servico de Gastroenterología, Clínica fundadores. Bogotá, Colombia.
(3)MD. Internista Gastroentrólog. Centro de Enfermedades Digestivas. Servicio de Gastroenterología, Hospital El Tunal. Bogotá, Colombia.
Definición
La diarrea es un desorden intestinal caracterizado por evacuaciones blandas o líquidas, frecuentemente acompañadas de molestias abdominales y/o urgencia defecatoria. La duración de la diarrea debe ser mayor de tres semanas para que sea considerada crónica (1). En las definiciones originales se requería de una frecuencia mayor de tres evacuaciones por día y de un peso fecal superior a 200 g en 24 horas, sin embargo la mayoría de los pacientes con diarrea, aquejan una disminución en la consistencia fecal como el síntoma predominante y muchos de ellos pueden presentar dos o incluso una sola deposición diaria. Por otro lado, algunos individuos sanos producen heces con un peso superior a los 200 gramos por día sin manifestar diarrea (1). Existe un grupo de pacientes con diarrea infecciosa aguda que puede prolongarse hasta por 6 semanas, conformando un síndrome conocido como diarrea infecciosa persistente o prolongada. Algunos de los agentes implicados en esta enfermedad son la giardia, la E coli enteroadherente y el ebyloides (2).
Epidemiología
La prevalencia exacta de la diarrea crónica es desconocida. De acuerdo con estadísticas de la OMS, la prevalencia en niños a nivel mundial es de 3 a 5% (3). En adultos, los datos son menos confiables. La amplia variabilidad de criterios en la definición y el subregistro de los servicios de salud en los diferentes países, especialmente en adultos, hace imposible estimar la prevalencia e incidencia de esta enfermedad. Basándose en la frecuencia aumentada de las defecaciones como criterio diagnóstico (el criterio más ampliamente usado), la prevalencia de diarrea crónica en los Estados Unidos es aproximadamente 5% (4-6).
Las condiciones socioeconómicas y el nivel de los servicios sanitarios son factores que determinan la frecuencia de los casos de la enfermedad. En países desarrollados las enfermedades que más se asocian a diarrea crónica son el síndrome de intestino irritable, la enfermedad inflamatoria intestinal, las infecciones crónicas y la diarrea secretoria idiopática (7-9). En los países en vías de desarrollo, las infecciones crónicas parasitarias, bacterianas y micobacterianas son las causas más comunes. También son frecuentes en estas zonas los trastornos funcionales digestivos y las enfermedades malabsortivas de diferente etiología (10-12).
Clasificación de la diarrea
Desde el punto de vista fisiopatológico la diarrea se clasifica en tres grandes categorías, osmótica, secretora e inflamatoria (1,2). Sin embargo, esta clasificación no tiene utilidad en la orientación del diagnóstico ya que no toma en cuenta la presentación clínica ni las características de las evacuaciones que son claves fundamentales para direccionar el estudio. Como contraparte a esta clasificación, existe la clasificación clínica, la cual toma los aspectos semiológicos más relevantes y con base en ellos clasifica la enfermedad en tres grupos: diarrea acuosa, esteatorrea (malabsorción) y diarrea inflamatoria. En la mayoría de los casos las enfermedades diarréicas comparten mecanismos fisiopatológicos distintos. La diarrea acuosa, por ejemplo, puede ser debida a una secreción intestinal inadecuada (diarrea secretora) o a la ingestión de solutos no absorbibles (diarrea osmótica). Los síndromes de malabsorción pueden tener un componte de secreción intestinal inapropiado como es el caso de secreción colónica inducida por ácidos grasos, o un componente inflamatorio, como sucede en la enfermedad celiaca. Finalmente, las diarreas inflamatorias comparten trastornos tanto de secreción como de malabsorción en su fisiopatología (1,2). Este artículo propone un esquema de diagnóstico fundamentado en la clasificación clínica.
Evaluación de la enfermedad diarreica crónica
La diarrea crónica puede ser originada por múltiples enfermedades y su estudio diagnóstico representa usualmente un gran reto para el médico debido a la amplia gama de posibilidades etiológicas y al enorme arsenal de pruebas diagnósticas disponibles, muchas de ellas costosas y con utilidad clínica incierta. El objetivo principal que el médico debe trazarse al iniciar el estudio clínico de un paciente con diarrea crónica es llegar al diagnóstico de la manera más rápida y barata posible. A pesar de la gran complejidad de este síndrome, en la mayoría de los casos es posible alcanzar el diagnóstico a través de la historia clínica, el examen físico, algunas pruebas de laboratorio básicas y exámenes endoscópicos y radiológicos específicos. La elaboración detallada y completa de la historia clínica es el paso más importante de todos. Con un interrogatorio sistemático se pueden delimitar de una manera rápida las numerosas posibilidades diagnósticas a unas cuantas. El interrogatorio debe dirigirse hacia los siguientes aspectos: las características de la diarrea, la forma de inicio (súbito o progresivo), el patrón defecatorio (continuo o intermitente), el aspecto de las heces (grasosas, acuosas, sanguinolentas, etc), la presentación nocturna y la presencia de incontinencia fecal. Los factores epidemiológicos de riesgo como viajes a zonas rurales con malas condiciones de higiene y consumo de agua potencialmente contaminada. El dolor abdominal es un síntoma importante, es frecuente en enfermedad inflamatoria intestinal, síndrome de intestino irritable e isquemia intestinal y es raro en diarrea osmótica o secretora. La pérdida de peso cuando es marcada orienta a pensar en malabsorción generalizada, cáncer o isquemia mesentérica. El consumo de laxantes y otros medicamentos es una causa muy frecuente de diarrea crónica y debe ser considerado e interrogado con insistencia en todos los casos. Los antecedentes de radioterapia o cirugías abdominales son causas iatrogénicas de diarrea crónica que deben ser investigadas en la historia clínica. Finalmente, debe realizarse una revisión por sistemas dirigida hacia la búsqueda de enfermedades crónicas como diabetes, hipotiroidismo, alcoholismo, drogadicción, síndromes paraneoplásicos, síndrome de inmunodeficiencia adquirida, enfermedades colágeno-vasculares y otros trastornos inmunes. En la Tabla 1 se presentan algunos de aspectos claves de la historia clínica que orientan el diagnóstico (13). En la Figura 1 se presenta una propuesta de acercamiento diagnóstico básico para enfocar el diagnóstico inicial de un paciente con diarrea crónica.
Cerca de 25% de los casos la diarrea crónica son de muy difícil diagnóstico y puede ser necesario hospitalizar al paciente y realizar pruebas más especializadas y extensas (2,13).
Tabla 1. Aspectos importantes del interrogatorio en la orientación diagnóstica de la diarrea crónica.
Figura 1. Acercamiento diagnóstico en diarrea crónica
Diarrea por malabsorción (Esteatorrea)
Sólo la malabsorción de grasa y carbohidratos tiene importancia en la práctica clínica. La malabsorción generalizada se manifiesta como esteatorrea y se denomina síndrome de malabsorción. Este síndrome tiene un espectro clínico muy amplio, en grados leves puede ser totalmente asintomático y en formas avanzadas se manifiesta con múltiples síntomas y signos que varían de acuerdo con la severidad y duración del trastorno y a la deficiencia de nutrientes específicos. Clásicamente, la malabsorción se caracteriza por pérdida de peso, distensión abdominal, meteorismo, heces grasosas y fétidas y manifestaciones propias de déficit de vitaminas y nutrientes escenciales (14). En Tabla 2 se describen los principales síntomas signos típicos de la malabsorción y su correlación con el trastorno fisiopatológico que los origina (14).
El defecto en la absorción puede localizarse en tres niveles: en la luz intestinal (mal digestión), en la mucosa, o por fuera del intestino (postmucoso). En otros casos el defecto es mixto, debido a una combinación de los tres anteriores (1,2,13).
Tabla 2. Malabsorción, correlación entre las alteraciones fisiopatológicas y las manifestaciones clínicas.
La malabsorción de causa luminal puede ser originada por disminución de la carga de ácidos biliares en la luz intestinal, como sucede en la cirrosis hepática y la insuficiencia pancreática exocrina. De hecho, 25 a 100% de los cirróticos tiene esteatorrea moderada, sin embargo ésta no tiene repercusión clínica en la mayoría de ellos (15,16). La insuficiencia pancreática exocrina, a diferencia de la anterior, es una causa muy frecuente de malabsorción de origen luminal o maldigestión. Para que la insuficiencia pancreática produzca un síndrome de malabsorción es necesario que exista una pérdida de 90% o más en la función de esta glándula (17).
La malabsorción por enfermedad mucosa tiene diversas causas. Es originada por múltiples enfermedades que comprometen directa o indirectamente la mucosa intestinal afectando su función o disminuyendo la extensión de la superficie de absorción. Se describen a continuación las causas mas importantes de malabsorción de origen mucuoso:
• Drogas: colchicina, colestiramina y AINES que inducen daño epitelial.
• Infecciones intestinales: protozoarios Giardia Lamblia, criprosporidium e Isospora) y helmintos (byloides)
• Enteropatías autoinmunes: yeyunitis idiopática no granulomatosa
• Enfermedades del sistema inmune: mastocitosis sistémica, gastroenteritis eosinofílica
• Sprue celíaco: enfermedad clásica que describe el síndromde de malabsorción
• Dermatits herpetiforme
• Enfermedad de Whipple
• Abetalipoproteniemia
La malabsorción de causa postmucosa la constituye escencialmente la linfangiectasia intestinal, en la cual existe una obstrucción linfática que impide el transporte de nutrientes, específicamente grasas y aminoácidos, que son transportados por esta vía. Esta enfermedad puede ser congénita o adquirida, debido a trauma o tumores que lesionan el drenaje linfático intestinal (18,19) .
Dentro de las causas mixtas de estatorrea tenemos el sobrecrecimiento bacteriano (SCB), en donde una población anormalmente alta de colonias bacterianas intraluminales producen desconjugación de las sales biliares con pobre formación de miscelios, malabasorción de grasas, inflamación epitelial, trastorno secretorio y alteración de la motilidad (20,21). Otras causas de esteatorrea mixta son el síndrome de intestino corto en donde hay una disminución de la superficie absortiva (22,23), y algunas enfermedades metabólicas como la tirotoxicosis, la insuficiencia adrenal y la desnutrición proteico-calórica (24-26).
Una clave clínica importante es que cuando la malabsorción es de causa mucosa, el paciente presenta más síntomas de compromiso general como anorexia, letargia y malestar, las heces flotan en el agua debido a la presenca de gas y grasa, las proteínas séricas son bajas debido a pérdida de las mismas desde la pared intestinal (enteropatía perdedora de proteínas) y suele haber anemia por deficiencia de folato y hierro (27). Cuando la malabsorción es de origen luminal, como sucede en la enfermedad pancreática crónica, se presentan crisis de dolor abdominal por pancreatitis, hay una mayor cantidad de grasa observada en las heces y los pacientes no presentan síntomas de gas debido a que la amilasa salival y gástrica compensan parcialmente la digestión y posterior absorción de los carbohidratos (28).
Exámenes de diagnóstico para diarrea malabsortiva
Exámenes básicos
Estudios en sangre y materia fecal. Mediante la obtención de unos pocos exámenes básicos se pueden tamizar de manera rápida los pacientes con esteatorrea (1,2,13). Estos exámemens son: cuadro hemático con volúmenes eritrocitarios y velocidad de sedimentación globular, PT, proteínas diferenciadas, fosfatasa alcalina, calcio, fósforo, caroteno y colesterol. Estas pruebas se encuentran alteradas cuando hay malabsorción de hierro, ácido fólico, vitamina B12, vitamina K y presencia de osteomalacia, una condición muy frecuente en pacientes con esteatorrea. Siempre debe realizarse examen de materia fecal para estudio de parásitos y grasa cualitativa. El estudio cualitativo de grasa fecal mediante tinción de Sudan en una sola muestra, realizado adecuadamente, tiene una sensibilidad y especificidad de 90% (29-31). Cuando la esteatorrea es leve o hay baja ingesta de grasa durante el estudio, la prueba pierde sensibilidad. El examen debe realizarse en óptimas condiciones de estandarización algo que no es usual en la mayoría de las instituciones de nuestros paises.
Exámenes radiológicos
La radiografía simple de abdomen puede detectar calcificaciones pancreáticas en algunos pacientes con pancreatitis crónica. El estudio radiológico del intestino delgado con bario permite evaluar anormalidades de la superficie mucosa y de la luz intestinal las cuales están presentes en diversas enfermedades como son la enfermedad de Whipple, el linfoma intestinal, la enfermedad celíaca y en general cualquier trastorno de malabsorción intestinal (32). Ningún hallazgo radiológico del intestino delgado suele ser patognomónico de alguna enfermedad. Un hallazgo frecuente en malabsorción, pero inespecífico, es la segmentación intraluminal del bario por precipitación del mismo dentro del líquido intestinal. Otras anormalidades como estenosis, asas ciegas y fístulas que son causa frecuente de sobrecreimiento bacteriano, pueden detectarse mediante este examen (33,34).
Exámenes específicos
Estudio cuantitativo de grasa en materia fecal. Constituye la "prueba de oro" para el diagnóstico de malabsorción. Sin embargo, pocos laboratorios la realizan de manera adecuada y pocos pacientes aceptan someterse a ella. Se requiere de una colección de materia fecal en un periodo de 48 a 72 horas (preferiblemente 72 h), con una ingesta de 100 g de grasa durante este tiempo. La materia fecal debe mantenerse bajo refrigeración en todo momento durante la recolección (35). La presencia de una cantidad de grasa igual o mayor de 7 gr en 24 horas establece el diagnóstico de esteatorrea (1,35). La grasa puede aparecer en alta cantidad en MF en diarreas secretorias de alto volumen (>800 g/24h), por "arrastre", sin que tengan síndrome de malabsorción, alcanzando valores hasta de 14 g (1,2). El porcentaje de grasa excretada en MF en 24 horas orienta también sobre la causa de la esteatorrea, una excreción < 9,5% sugiere enfermedad mucosa y > 9,5%, enfermedad pancreática (1,36).
Biopsia de intestino delgado. Una vez que la esteatorrea ha sido documentada claramente, la biopsia duodenal permite aclarar si la malabsorción se debe a enfermedad mucosa o a maldigestión luminal. La histología duodenal en la mayoría de los casos es representativa de la enfermedad mucosa del resto del intestino delgado y por ello las biopsias intestinales distales con la técnica de cápsula guiada por radiología rara vez son necesarias en adultos (37). En algunas pocas enfermedades la biopsia duodenal permite establecer con certeza el diagnóstico, como sucede en la enfermedad de Whipple y la infección por Mycobacterium Avium Intracelulare (MAIC), entre otras. En la mayoría de los casos, sin embargo, la biopsia detecta anormalidades histológicas inespecíficas como atrofia vellocitaria, hiperplasia críptica e infiltrado inflamatorio crónico de la lámina propia. En la Tabla 3 se describen las diferentes entidades clínicas en donde tiene aplicación la biopsia duodenal.Tabla 3. Utilidad diagnóstica de la biopsia duodenal
Pruebas serológicas para enfermedad celíaca. Existen varios ensayos serológicos que evalúan la presencia de anticuerpos contra el gluten, la proteína de la harina de trigo. Los anticuerpos antigliadina IgG e IgA tienen una sensibilidad y especificidad de 50% y 90% respectivamente (38). Debido a la gran cantidad de falsos positivos por su baja sensibilidad, estas pruebas han entrado en desuso y han sido reemplazadas por otras con mayor rendimiento desarrolladas recientemente, los anticuerpos anti-transglutaminasa y anti-endomisium. Estas últimas alcanzan una sensibilidad y especificidad de 90% y 100% respectivamente en estudios bien conducidos (39,40). Cuando la biopsia duodenal reporta cambios inflamatorios inespecíficos con o sin atrofia vellocitaria y una de estas pruebas es positiva, se impone el diagnóstico de sprue celíaco. Especialmente si el paciente presenta diarrea malabsortiva y otros síntomas como anemia microcítica, esteatorrea, ataxia, y osteopenia (41). La introducción de estas pruebas altamente específicas para enfermedad celiáca ha revolucionado el concepto de que el sprue celíaco es una enfermedad rara, mientras estudios anteriores informaban una prevalencia de 1:10.000 varios estudios recientes de tamizaje indican que la prevalencia puede ser hasta de 1:200 cuando se utilizan estas pruebas.
D-xylosa. Es una prueba de absorción mucosa en la cual se suministra xylosa, una pentosa que se absorbe en su totalidad en el intestino delgado por mecanismos pasivos. La molécula es metabolizada en el hígado y excretada por la orina en donde debe recuperarse 25% de la dosis en individuos normales (1,2). La prueba tiene poca utilidad en la actualidad debido a su baja sensibilidad en enfermedad mucosa leve, en pacientes ancianos, en disfunción renal y en ascitis. Por otro lado, la biopsia dudodenal ha superado ampliamente la utilidad diagnóstica de esta prueba en población adulta (13).
Pruebas de función pancreática. Existen diferentes pruebas de función pancreática, la gran mayoría de ellas no tienen un uso amplio en la práctica diaria debido a que su rendimiento diagnóstico y su disponibilidad son limitados. Las pruebas mas conocidas son la bentiromida, las pruebas de estimulación pancreática y el test de Schilling. La bentiromida es un péptido unido al ácido para-aminobenzico (PABA) el cual al ser administrado por vía oral en una dosis de 500 a 1000 mg es hidrolizado por las enzimas pancreáticas presentes en el duodeno. Posteriormente, el PABA es absorbido y excretado en la orina. Una recolección de PABA urinario inferior a 85 mg al cabo de 6 horas se considera un resultado positivo que indica insuficiencia pancreática. La sensibilidad y especificidad publicadas de este examen son 80 y 95% respectivamente (42). Esta prueba tiene varias limitaciones, solo sirve en enfermedad pancreática severa y puede dar falsos positivos en enfermedad mucosa, hepática o renal (13). Las pruebas de estimulación pancreática usan una sonda duodenal, guiada por fluoroscopia, para medir la secreción de bicarbonato y enzimas pancreáticas, previa estimulación del páncreas con secretina / colecistoquinina IV o comida ingerida. Estas pruebas son invasivas, tienen mucha variabilidad y fuentes de error y su estandarización es difícil (43). Por estas razones, las pruebas de estimulación pancreáticas no han sido acogidas de manera amplia para la investigación rutinaria de diarrea crónica y solo se recomienda usarlas en protocolos de investigación (2).
El test de Schilling para función pancreática se fundamenta en el hecho de que las enzimas pancreáticas son necesarias para degradar la proteína R, una molécula producida por la saliva y el estómago que se requiere para la unión y posterior absorción del complejo cobalamina (marcada con un isótopo de carbono)-factor intrínseco. De esta forma la excreción renal del radioisótopo será proporciónal a la actividad enzimática del páncreas. La prueba no es específica de disfunción pancreática y su sensibilidad se ve alterada cuando hay sobrecrecimiento bacteriano, anemia perniciosa y enfermedad o resección ileal. Como en las dos anteriores, el test de Schilling, tampoco tiene aplicación clínica práctica.
Se han diseñado otras pruebas para evaluar la función pancreática que tampoco han logrado un lugar dentro del estudio rutinario de la diarrea crónica. La medición de la concentración fecal de enzimas pancreáticas ha reportado según algunos estudios, una sensibilidad y específicidad de 80 y 95% respectivamente, pero tiene limitaciónes para preservar de la actividad enzimática y sus resultados no son reproducibles (44). La prueba de aliento con 14C-trioleína, una molécula marcada con radioisótopos que es degradada por la actividad enzimática del páncreas, evalúa la función pancreática a través de la medición en el aire exhalado de dióxido de carbono marcado (45).
Pruebas para sobrecrecimiento bacteriano. La prueba de oro para este diagnóstico es el cultivo del aspirado del líquido luminal. Un resultado de más de 106 microorganismos/ml en condiciones de crecimiento aeróbico y anaeróbico adecuadas se considera criterio de cultivo positivo. La importancia clínica de un cultivo positivo es difícil de conocer debido a que muchos pacientes sanos tienen valores de colonias > 106. La técnica de recolección de la muestra no ha sido estandarizada adecuadamente y la contaminación bacteriana con flora orofaringea es muy dificil de excluir (1,2,13).
Existen diferentes pruebas de aliento para diagnosticar SCB, la más común es el test de hidrógeno. En esta prueba se mide el hidrógeno exhalado a intervalos de 15 a 30 minutos durante 2 a 4 horas después de administrar una carga de 50-100 g de glucosa en agua por boca. El hidrógeno del aliento solo es producido por la fermentación bacteriana de los azúcares en su paso por el tracto digestivo. Una elevación de hidrógeno de 12 -20 ppm se considera positivo para SCB. La sensibilidad y especificidad de la prueba varían mucho entre las diferentes publicaciones, de 62% a 93% y de 78% a 100%, respectivamente (46,47). Otras pruebas de aliento para SCB usan substratos marcados con iosótopos radioactivos, 14C-Dxylosa y la Colil-14C-glicina. Estas pruebas no están disponibles ni son aceptadas en la mayoría de los centros de Estados Unidos. Esto se debe a que los resultados alentadores iniciales de sensibilidad y especificidad no lograron ser reproducidos en estudios posteriores (13).
Debido a la poca disponibilidad y confiabilidad de las pruebas de SCB, es razonable realizar un ensayo terapéutico con antibióticos como prueba diagnostica cuando la historia clínica y los factores de riesgo sugieran este diagnóstico. En la Figura 2 se presenta el esquema general de estudio de la diarrea malabsortiva.
Figura 2. Enfoque diagnóstico de la diarrea malabsortiva
Diarrea acuosa
Un paciente típico con diarrea acuosa presenta numerosas deposiciones diarias, con alto volumen, nocturnas, incontinentes y frecuentemente asociadas a hipokalemia y otros trastornos hidroelectrolíticos (1,2). Sin embargo, la mayoría de los pacientes no presentan todos estos rasgos y ameritan una investigación clínica minuciosa para poder categorizarla como diarrea acuosa. Las principales causas son las siguientes:
• Síndrome de intestino irritable (SII)
• Ingestión de solutos inabsorbibles: antiácidos, suplementos nutricionales, laxantes con fosfato o sulfato de Na.
• Malabsorción de carbohidratos, especialmente lactosa
• Cirugía previa: Resección ileal, gastrectomía, vagotomía, colecistectomía
• Adenoma velloso
• Diabetes
• Alcoholismo o diarrea inducida por alcohol
• Tumores neuroendocrionos: (Sd. carcinoide, gastrinoma, vipoma, ca medular de tiroides, glucagonoma).
• Mastocitosis sistémica
• Diarrea autoinducida por consumo oculto de laxantes
• Diarrea idiopática crónica o síndrome de pseudocólera pancreático
• Colitis microscópicas: colitis linfocítica/colágena
La historia clínica detallada es fundamental, debe indagarse acerca del consumo de medicamentos, laxantes, carbohidratos o compuestos que contengan otros solutos no absorbibles. La historia de gastrectomía o de diabetes mellitus limitan de una manera rápida y fácil las posibilidades diagnósticas. Cuando las pruebas básicas de estudio excluyen enfermedad orgánica hay que pensar en diarrea funcional o SII, el cual es una causa frecuente de este tipo de diarrea. El diagnóstico de SII se fundamenta en los criterios de Roma y la exclusión de enfermedad orgánica. Estos pacientes generalmente presentan diarreas frecuentes con volúmenes bajos que se mejoran con el ayuno. El alcoholismo puede ser difícil de diagnosticar en el interrogatorio inicial debido a que muchos pacientes niegan este hábito o a que muchos médicos ignoran la importancia del mismo. El consumo frecuente de licor produce diarrea acuosa por varios mecanismos, acelera el tránsito intestinal, lesiona el epitelio, produce deficiencia de disacaridasas, disfunción biliar, insuficiencia pancreática y desnutrición. La abstinencia y la recuperación nutricional mejoran rápidamente la diarrea. La pérdida de peso no es un componente usual en la mayoría de las diarreas acuosas, excepto cuando estas son originadas por tumores neuroendocrinos u otros tipos de cánceres, los cuales afortunadamente no son frecuentes.
De una manera rápida podemos dividir las diarreas acuosas en aquellas de alto volumen que no responden al ayuno y aquellas que con el ayuno desaparecen o disminuyen (1,2). En el primer caso el diagnóstico se orienta hacia los tumores endocrinos, tumores no endocrinos, abuso oculto de laxantes y los síndromes de diarrea crónica idiopática o pseudocólera pancreático. Las diarreas acuosas que responden al ayuno orientan a pensar en diarreas funcionales, osmóticas (malabsorción de carbohidratos, consumo de laxantes y solutos inabsorbibles), malabsorción de ácidos biliares y cirugías gastrointestinales.
El examen físico puede ser normal, pero en algunos casos los hallazgos físicos indican la dirección que debe seguir el estudio. En los pacientes con cáncer medular de tiroides puede encontrarse bocio; en tumores neuroendocrinos, flushing y en mastocitosis sistémica, dermografismo. De otra parte la historia de diátesis ulcerosa péptica en un paciente con diarrea debe orientar a pensar en gastrinomas o mastocitosis sistémica.
Pruebas diagnósticas para diarrea acuosa
Colonoscopia total
Util en el estudio de diarreas de dificil diagnóstico, permite una evaluación estructural de colon y recto y además mediante la obtención de biopsias, se pueden diagnosticar enfermedades específicas como el adenoma velloso, la colitis colágena / linfocítica, la colitis eosinofílica, la mastocitosis con compromiso colónico y la melanosis coli por abuso de laxantes.
PH de materia fecal
La malabsorción de carbohidratos es una causa frecuente de diarrea acuosa. Cuando el pH fecal es menor de 5.3 es indicativo de malabsorción de carbohidratos y cuando es mayor de 5.6 indica malabsorción generalizada (48,49).
Test de laxantes
La fenolftaleina es un componente usado en muchos laxantes estimulantes. Cuando está presente en la materia fecal reacciona con NaOH o KOH produciendo un color púrpura rosado que es diagnóstico del consumo de este medicamento (50). Otros compuestos como la antraquinona, el áloe, la cáscara sagrada, el aceite de castor y el bisacodil pueden requerir pruebas más especializadas. En ocasiones, es necesario hacer una búsqueda en los objetos personales del (la) paciente para diagnosticar el consumo oculto de laxantes. Este trastorno es tan frecuente que algunos protocolos proponen iniciar el estudio de laxantes antes de realizar investigaciones más extensas. Debe sospecharse siempre, especialmente en pacientes con síntomas somáticos múltiples y trastornos de personalidad que se asocian a búsqueda de ganancia secundaria. Está descrito sobre todo en mujeres jóvenes, con diarrea acuosa abundante y trastornos alimentarios como anorexia o bulimia (51,52).
Pruebas de aliento
Son pruebas fisiolóficas que miden la exhalación de hidrógeno o de carbono marcado con un isótopo radioactivo, consumidos previamente en un substrato determinado. El test de hidrógeno consiste en suministrar un carbohidrato específico, lactosa, lactulosa, fructosa o glucosa, el cual en caso de no ser absorbido en el intestino delgado es metabolizado por las bacterias colónicas. El hidrógeno resultante de este proceso es transportado por el torrente circulatorio y eliminado a través de los pulmones. Un incremento de más de 20 PPM de H2 en el aire espirado en las 3 a 6 horas siguientes, es conclusivo de malabsorción del carbohidrato que se consumió, generalmente lactosa (53,54). Hay que tener presente que 10% de la población normal tiene flora bacteriana incapaz de producir hidrógeno (55). Otras pruebas utilizadas son la 14C-tiroleína para la malabsorción de grasas y la Colil-14C-glicina para sobrecrecimiento bacteriano que fue mencionada anteriormente. Estas últimas tienen una utilidad limitada ya que pueden ser positivas en pacientes sanos y falsamente negativas en malabsorción leves.
Test de tolerancia a la lactosa
Esta prueba ha sido desplazada por las pruebas de aliento con hidrógeno (Lactosa-H) debido a su baja sensibilidad. Consiste en medir la glucosa plasmática 1 y 2 horas después de suministrar una carga oral de 50 g de lactosa, es positiva si hay una elevaciónde la glicemia de 20 mg.
Niveles de hormonas en sangre y orina
Se pueden realizar mediciones de péptidos selectivos que son producidos por diferentes tumores neuroendocrinos, los cuales son causa de diarrea secretoria severa, el ácido 5HIAA para el Sd carcinoide, la gastrina para el gastrinoma, el VIP para el vipoma, la calcitonina para el Ca medular de tiroides, el glucagón para el glucagonoma, la somatostatina para el somatostatinoma y la histidina para la mastocitosis sistémica. Debido a que la diarrea crónica causada por estos tumores es muy rara, el estudio de estos péptidos debe realizarse solo cuando exista una alta probabildad clínica o los estudios radiológicos sugieran la presencia de alguno de ellos (13). En la Figura 3 se resumen los aspectos generales del estudio diagnóstico de la diarrea acuosa.
Figura 3. Enfoque diagnótico de la diarrea acuosa
Diarrea inflamatoria
La diarrea inflamatoria se caracteriza por presentar manifestaciones propias de inflamación de la mucosa intestinal y pérdida de proteínas. Síntomas como fiebre, dolor abdominal, pérdida de peso y malestar general son comunes. La enfermedad que mejor representa a este grupo es la enfermedad inflamatoria intestinal (colitis ulcerativa y enfermedad de Crohn). Frecuentemente, hay pérdida de proteínas debido a la disfunción e inflamación de la mucosa intestinal (enteropatía perdedora de proteínas) y esto lleva a los pacientes a presentar edema periférico ascitis y anasarca. La enfermedad puede ser limitada y escasa como en las proctitis, o muy severa, con hemorragia y dilatación tóxica del colon como sucede en la colitis ulcerativa fulminante. Hay diversos síntomas y signos que varían dependiendo del compromiso de otros órganos y sistemas. En la enfermedad inflamatoria intestinal, por ejemplo, es frecuente encontrar aftas orales, uveitis, artropatía, dermatitis, eritema nodoso, pioderma gangrenoso y púrpura entre otros. Las siguientes son algunas de las causas de diarrea crónica de tipo inflamatorio:
• Enfermedad inflamatoria intestinal (Colitis ulcerativa y enfermedad de Crohn)
• Gastroenteritis eosinofílica
• Alergias alimentarias (leche y proteína de soya, comida de mar, huevos, nueces)
• Colitis microscópicas (colitis colágena y colitis linfocítica)
• Enterocolitis crónica por radioterapia
• Infecciones crónicas: TBC, histoplasmosis
• Enfermedad vascular mesentérica
Pruebas diagnósticas para el estudio de diarrea inflamatoria
Estudios en sangre
Como en cualquier otra condición inflamatoria, estos pacientes presentan habitualmente leucocitosis, eosinofilia y sedimentación globular elevada. La hipoalbuminemia es un hallazgo frecuente cuando hay enteropatía perdedora de proteínas. Una clave clínica importante es que siempre que encontremos en un paciente proteínas bajas en sangre, anasarca y ausencia de síndrome nefrótico, hay que pensar en enteropatía perdedora de proteínas (2,13).
Estudio de leucocitos en materia fecal
La presencia de leucocitos y sangre en el estudio coproscópico es indicativo de inflamación intestinal. Los resultados de esta prueba dependen mucho de la experiencia y habilidad del observador. La búsqueda de leucocitos de realizarse con azul de metileno y no con tinción de gram (56). Recientemente se ha desarrollado una prueba de aglutinación con látex para detectar lactoferrina, un constituyente molecular de los neutrófilos. Pero esta prueba ha sido usada en diarrea infecciosa aguda y no ha sido validada aún en pacientes con diarrea crónica (57,58).
Exámenes endoscópicos
La endoscopia superior con biopsia duodenal es de utilidad cuando se sospecha gastroentereitis eosinofílica. La colonoscopia total establece el diagnóstico de diferentes enfermedades inflamatorias del colon e íleon terminal como la colitis ulcerativa, la enfermedad de Crohn, las colitis microscópicas y diversas colitis infecciosas.
Exámenes radiológicos
El tránsito intestinal con bario permite la valoración del intestino delgado en su totalidad, el cual no es evaluable por los métodos endoscópicos convencionales. Algunas enfermedades como la enfermedad de Crohn, el linfoma intestinal y la enfermedad de Whipple pueden producir diarrea inflamatoria y limitar su compromiso al intestino delgado. Si la técnica es adecuada y realizada por un radiólogo y no por personal técnico, puede tener la misma eficiencia diagnóstica suministrando el bario por vía oral que a través de la sonda de enteroclisis (59,60).
Cultivos fecales
El coprocultivo no es un estudio rutinario en pacientes inmunocompetentes con diarrea crónica ya que la infección bacteriana no es una causa frecuente de la misma. Sin embargo, al menos un coprocultivo puede ser un estudio razonable en pacientes con diarrea inflamatoria de causa no definida, especialmente para buscar Aeromonas o Pleisiomonas sp (61,62). la infección por estos gérmenes debe sospecharse si existe el antecedente de consumo de aguas no tratadas o contaminadas (63,64). En pacientes inmunodeficientes y ocasionalmente en inmunocompetentes los gérmenes causantes de diarrea aguda como Campilobacter o Salmonela pueden producir diarrea crónica (65,66). En esa población de pacientes el coprocultivo debe ser parte inicial del estudio diagnóstico. El estudio de protozoarios como la Giardia Lamblia tiene valores predictivos no establecidos, por eso resulta de mayor utilidad la detección fecal de antígenos específicos de Giardia por método de la técnica de ELISA (67).
Pruebas para enteropatía perdedora de proteínas (EPP)
Tal como se mencionó anteriormente, la sospecha de EPP de establecerse siempre que nos encontremos con un paciente que tiene hipoalbuminmia y edemas en ausencia de síndrome nefrótico. Se han diseñado algunas pruebas específicas para evaluar esta pérdida, la mayoría disponible solo en pocos centros. La depuración fecal de alfa1-antitripsina se calcula de una forma similar a la depuración renal de inulina, mide la concentración de esta proteína tanto en plasma como en una muestra de materia fecal (68). También han sido descritos otros métodos para evaluar la EPP, como la excreción fecal de albúmina e IgG marcadas con yodo radioactivo y administradas parenteralmente (69). La aplicación rutinaria de estos métodos no esta disponible. En la Figura 4se presenta el esquema de estudio de la diarrea inflamatoria.
Figura 4. Enfoque diagnóstico de la diarrea inflamatoria
Evaluación de la diarrea crónica severa de difícil diagnóstico
En alrededor de 25% de los pacientes con diarrea crónica la historia clínica, el examen físico y las pruebas diagnósticas usuales no logran establecer el diagnóstico en una etapa inicial. Esto sucede generalmente con diarreas acuosas de alto volumen, diarreas malabsortivas no diagnosticadas o diarreas inflamatorias de etiología no definida. En estos casos siempre es recomendable volver a revisar cuidadosamente todo el proceso desde el comienzo, reinterrogando al paciente, especialmente sobre factores de riesgo y condiciones epidemiológicas relevantes que no hayan sido evaluadas al comienzo. Puede ser necesario incluso hospitalizar al paciente para estudiarlo de manera más extensa.
En condiciones ideales, el paciente debe recolectar materia fecal de 48 a 72 horas en forma ambulatoria tal como se explicó anteriormente en el estudio de la esteatorrea. En esta muestra se deben medir el peso y volumen de todo el especimen recolectado y estudiar la grasa excretada, los electrolitos (Na, K, Cl, PO y Mg), la osmolalidad y la presencia de laxantes mediante pruebas específicas. La concentración fecal de electrolitos se mide en el agua fecal después de homogeneizar la totalidad del especimen y centrifugar una alicuota del mismo (13). Los electrolitos se miden fundamentalmente para calcular el "gap osmótico" del líquido fecal el cual sirve para valorar la contribución que tienen los electrólitos y los "no electrolitos" en la retención de agua en el lumen intestinal. En la diarrea osmótica los "no electrolitos" causan esta retención. El "gap osmótico" se calcula mediante la siguiente fórmula: 290 - 2([Na] + [K]). La suma del sódico y el potasio se multiplica por dos para incluir los aniones correspondientes de cada ión.
Para el cálculo se usa la osmolalidad fecal en el recto distal, la cual corresponde a la osmolalidad plasmática, 290 mOsm/kg, ya que a este nivel (recto distal) los equivalentes osmóticos de los dos compartimentos se equilibran (70). El valor normal del "gap osmótico" es de 50 a 125 Osm/Kg H2O (71). Sus valores se encuentran aumentados (>125) en la diarrea osmótica pura, en donde los "no electrolitos" son el constituyente principal de la osmolalidad fecal, y disminuidos (<50) en las diarreas secretoras puras (Figuras 56 y Tabla 4).
Figura 5. Representación osmolar en materia fecal
Figura 6. Gap osmolar y diarrea crónica
Tabla 4. Correlación entre el tipo de diarrea, el ayuno, el sodio fecal y el GAP osmolar
Una vez realizada esta recolección el paciente se hospitaliza y se mantiene en ayuno durante las siguientes 48 horas. La hospitalización garantiza el ayuno estricto y el no consumo subrepticio de laxantes. Durante este periodo sólo debe recibir soporte con líquidos parenterales y se debe recolectar toda la materia fecal. El comportamiento de la diarrea luego del ayuno tiene una importancia fundamental para la clasificación diagnóstica. La mayoría de las diarreas en general tienen alguna variación cuando el paciente es sometido al ayuno. En la estatorrea las defecaciones usualmente no son mayores de 700 g por día y con el ayuno el peso retorna al valor normal (< 200g). En la diarrea inflamatoria el peso diario es menor de 1000 g y la respuesta al ayuno es variable, puede disminuir o no. Las diarreas acuosas de tipo secretor puro, como las inducidas por tumores endocrinos son de volumenes altos, de 1 a 3 litros en 24 horas y no se reducen con el ayuno (Figura 7).
Figura 7. Diarrea elusiva o severa
Conclusión
La diarrea crónica es una enfermedad multicausal, frecuente en la consulta general y especializada. Su aproximación diagnóstica debe realizarse mediante una historia clínica detallada, centrando el interrogatorio en los factores epidemiológicos de riesgo que sean más relevantes de acuerdo con el caso, y en un examen físico minucioso. Estos dos procedimientos, junto con un grupo de exámenes paraclínicos básicos permiten la clasificación diagnóstica en la gran mayoría de los pacientes. El estudio debe dirigirse desde el comienzo a clasificar la diarrea dentro de uno de los tres síndromes clínicos principales, diarrea malabsortiva, diarrea acuosa o diarrea inflamatoria. Por medio de exámenes diagnósticos más específicos es posible establecer la etiología de la diarrea dentro de estos grupos clínicos. Con estos elementos es posible alcanzar el diagnóstico en la gran mayoría de los pacientes; sin embargo, una proporción importante de pacientes pueden tener un diagnóstico difícil y elusivo y en esta situación es preferible hospitalizar el paciente y realizar estudios diagnósticos más extensos.
La literatura médica publicada sobre esta enfermedad adolece en buena medida de falta de ensayos clínicos y estudios diagnósticos bien diseñados y por ello las recomendaciones impartidas en las diferentes revistas y textos carecen de los niveles de evidencia deseables. Esto solo podrá cambiar cuando se unifiquen los criterios de definición de la enfermedad y cuando se realicen más estudios clínicos con metodología adecuada.
Referencias

Nueva guias sobre diarreas agudas infecciosas

Nueva guía sobre diarreas agudas infecciosas
Diagnóstico, Tratamiento y Prevención de Infecciones Diarreicas Agudas en Adultos
Autor: Mary Acree, MD; Andrew M. Davis, MD, MPH Fuente: JAMA. 2017;318(10):957-958. doi:10.1001/jama.2017.8485 Acute Diarrheal Infections in Adults
Población objetivo adultos inmunocompetentes con infecciones intestinales agudas distintas del Clostridium difficile.
Recomendaciones principales
  1. La terapia antimicrobiana empírica no se recomienda para la infección diarreica aguda rutinaria o diarrea leve asociada del viajero (recomendación fuerte, alto nivel de evidencia).
     
  2. Los probióticos o prebióticos no se recomiendan para el tratamiento de la diarrea aguda en adultos, excepto en los casos de enfermedad postantibiótica asociada (recomendación fuerte, a moderada).
     
  3. La diarrea del viajero inhabilitante con fiebre debe ser tratada con azitromicina.
     
  4. En los pacientes que reciben antibióticos para diarrea del viajero, use la terapia con loperamida adyuvante para disminuir la duración de la diarrea y aumentar la probabilidad de curación (recomendación fuerte, moderada).
     
  5. Para identificar la etiología en pacientes adultos con disentería, diarrea de moderada a severa y síntomas que duran más de 7 días (recomendación fuerte, baja), se pueden usar métodos independientes del cultivo de pruebas de heces (por ejemplo, PCR).
     
  6. La diarrea persistente (14-30 días) se debe evaluar inicialmente con cultivo y / o pruebas microbiológicas independientes del cultivo.
    Resumen del problema clínico
    La diarrea aguda se define por una duración inferior a 14 días y puede conducir a una morbilidad y mortalidad significativas. En los Estados Unidos, aproximadamente 179 millones de casos de gastroenteritis aguda, incluyendo 47.8 millones de casos de enfermedades transmitidas por alimentos, se producen cada año.1,2 Las infecciones por Clostridium difficile son la causa más común de mortalidad asociada a diarrea, pero no se abordan en esta guía.
    La mayoría de los adultos que no han viajado al extranjero no tienen ninguna causa identificada por su diarrea aguda.2 El norovirus es la causa más común de gastroenteritis y está asociado con el 26% de los casos de diarrea en los servicios de urgenciasen personas de 65 años o más.3
    La inmunodepresión y la fisiología gastrointestinal anormal también aumentan el riesgo de diarrea severa. Se identificaron infecciones bacterianas potencialmente susceptibles a los antibióticos (especies de Shigella, Salmonella y Campylobacter, cepas de Escherichia coli productoras de toxina Shiga, Vibrio parahemolyticus, Escherichia coli enterotoxigénica) en sólo un 9% de las diarreas agudas en un estudio multicéntrico, Los agentes etiológicos de la diarrea persistente durante 14 días incluyen parásitos intestinales como Giardia, Cryptosporidium, Entamoeba histolytica y Cyclospora, especies de Microsporidia , y bacterias tales como E coli enteroagregante, Shigella, Campylobacter, Salmonella y V parahemolyticus.5

    Basados en evidencias
    Se utilizaron múltiples bases de datos para identificar la literatura publicada en los últimos 10 años. También se examinaron las referencias de los artículos de la base de datos y de los propios archivos de los autores. La fuerza de las recomendaciones y la calidad de la evidencia se evaluaron utilizando la escala GRADE.
    Una revisión Cochrane del años 2000 mostró un claro beneficio de los antibacterianos en la reducción de la duración de la diarrea del viajero moderada a grave. La revisión Cochrane y 9 ensayos aleatorios citados por la guía examinaron el uso de fluoroquinolonas vs placebo para el tratamiento y encontraron que la duración general de los síntomas resultaba acortada.
    La azitromicina se comparó con las fluoroquinolonas en 4 ensayos clínicos citados por la directriz y se encontró que eran tan eficaces en una sola dosis o como 500 mg / d durante 3 días. Cinco estudios de 2001-2006 evaluaron el uso de rifaximin como tratamiento para la diarrea del viajero. El beneficio de la rifaximina se demostró consistentemente contra el placebo, y fue generalmente equivalente a la ciprofloxacina excepto para los patógenos invasivos como Salmonella, Shigella y Campylobacter, para los cuales el tiempo mediano hasta la última deposición de heces no formadas fue de 24 horas con ciprofloxacino frente a 44 horas para la rifaximina. La guía también abordó otras terapias para la diarrea.
    El valor potencial de los probióticos en el tratamiento de la diarrea infecciosa aguda se sugirió en una revisión sistemática Cochrane de 2010, que encontró una reducción en la duración media de la diarrea (diferencia de medias, 24,8 [IC 95%, 15,9-33,6] horas) e incidencia de diarrea duradera de 4 o más días (RR, 0,41; IC del 95%, 0,32 - 0,53); la evidencia fue insuficiente para recomendar un probiótico específico.
    Los viajeros recientes a México tuvieron un alivio significativo de los síntomas con el subsalicilato de bismuto en un ensayo aleatorio, aunque la loperamida fue favorecida frente al bismuto en los viajeros a América Latina. La Loperamida fue más eficaz que el bismuto para la duración de los síntomas. En una revisión sistemática y un metanálisis, se encontró que la loperamida más antibióticos reducía rápidamente el número de heces diarreicas.6
    En una revisión de 2005 de 8 estudios de precauciones de higiene personal para la prevención de la diarrea del viajero, 7 no mostraron relación entre los tipos de alimentos consumidos y el riesgo de diarrea. La guía sugiere que el uso profiláctico de antibióticos debe limitarse a los viajeros fuera de los Estados Unidos y Europa, que están en alto riesgo, especialmente si la enfermedad puede plantear consecuencias potencialmente graves para la salud o afectar críticamente el propósito del viaje.
    Tanto las fluoroquinolonas como la rifaximina se han utilizado para la profilaxis, pero ambas tienen vacíos de cobertura; rifaximin es cada vez más favorecida debido a su mayor seguridad y su menor riesgo de desarrollo de la infección por C. difficile y Enterobacteriaceae productoras de β-lactamasas de espectro extendido (ESBL-PE).

    Beneficios y daños
    La guía recomienda un enfoque empírico y algorítmico dependiendo:
    (1) de la presencia de disentería (heces sanguinolentas)
    (2) gravedad de la enfermedad (moderada: cambio forzado en las actividades, grave: discapacidad total debido a la diarrea).
    (3) presencia de fiebre de 38 ° o más.
    (4) viajar al extranjero.
    La guía recomienda el tratamiento de la diarrea aguda con rehidratación oral en todos los casos, especialmente en los ancianos con diarrea severa o en cualquier viajero con diarrea severa y acuosa.
    El subsalicilato de bismuto se recomienda para los viajeros con diarrea leve a moderada para reducir algo la frecuencia de las heces.
    Las pautas no recomiendan la terapia antibacteriana empírica para adultos con diarrea aguda, excepto en los viajeros con diarrea moderada a severa que tienen una probabilidad suficientemente alta de infección bacteriana para justificar los riesgos de los antibióticos, como aquellos con fiebre o disentería.
    La loperamida debe administrarse junto con antibióticos a los pacientes con diarrea del viajero.
    La guía tiene como objetivo disuadir a los clínicos de ofrecer antibióticos a los pacientes con diarrea adquirida en la comunidad, ya que suele ser causada por virus.
    Aunque el tratamiento de la diarrea aguda puede beneficiar a los viajeros seleccionados ya los pacientes con infecciones parasitarias específicas, existen riesgos asociados con el tratamiento antibiótico de la diarrea aguda.
    La colitis por Clostridium difficile puede ocurrir en pacientes que reciben antibióticos, y las fluoroquinolonas pueden aumentar este riesgo sustancialmente.
    Un estudio de cohorte retrospectivo en Quebec encontró una razón de riesgo ajustada de 3,44 (IC del 95%, 2,65-4,47) para los pacientes que recibieron fluoroquinolonas que desarrollaron colitis de C. difficile. Además, el tratamiento antibiótico de la diarrea del viajero leve no suele requerirse clínicamente y puede dar lugar a más infecciones severas y resistentes en los contactos.
    Una revisión reciente encontró que entre el 12% y el 69% de los viajeros que regresaron se habían colonizado por enterobacterias productoras de beta-lactamasa y el lugar del viaje y el uso de terapia antimicrobiana son factores de riesgo independientes comunes de adquisición y colonización que pueden persistir durante 6 a 9 meses.

    Discusión
    Los datos epidemiológicos sobre la incidencia y la etiología de la diarrea aguda en los adultos son limitados. Por lo tanto, la fuerte recomendación de la directriz contra el tratamiento antibiótico empírico para la diarrea adquirida en la comunidad o para la diarrea del viajero leve, si bien se basan en pruebas de muy bajo nivel, merece respeto en un momento de creciente preocupación por la resistencia a los medicamentos emergentes.
    Aunque la PCR es más sensible y rápida que las pruebas tradicionales de heces, sus beneficios netos aún no se han establecido. A pesar de las pocas pruebas, la directriz recomienda el uso de métodos independientes de los cultivos para el diagnóstico en casos de disentería, enfermedad moderada a grave y síntomas que duran más de 7 días al menos como un complemento a los métodos tradicionales, dado el fracaso frecuente de esos métodos para identificar un patógeno.
    La reacción en cadena de la polimerasa no puede distinguir entre organismos vivos y muertos, y varios patógenos pueden ser identificados, arriesgando el tratamiento innecesario dada la incertidumbre sobre el patógeno verdaderamente causal. Sin embargo, si solo se utilizan métodos independientes de los cultivos para el diagnóstico de la diarrea aguda, no se conocerá las susceptibilidades a los antibióticos, lo que excluirá la modificación de la selección del fármaco y la limitación de la orientación de salud pública con respecto a los patrones de resistencia bacteriana y la terapia adecuada.

    Linfoma intestinal

    Linfoma
    Es el tercer tumor maligno primario más común y da cuenta del 15 a 205 de todos los tumores malignos del ID. El linfoma no Hodgkin digestivo corresponde al 5 a 20% de todos los linfomas no Hodgkin, siendo el tracto gastrointestinal el sitio extraganglionar más común de presentación de los linfomas. Más de los dos tercios se presenta en el estómago y el resto en el ID y el colon.
    Los criterios diagnósticos para el linfoma gastrointestinal primario son:
    Ausencia de linfadenopatías palpables.
    Frotis de sangre periférica y biopsia de médula ósea normales.
    Ausencia de linfadenopatía mediastinal en la radiografía de tórax.
    Enfermedad confinada al segmento del ID afectado.
    Linfadenopatías regionales solo inicialmente
    Ausencia de compromiso tumoral hepático o esplénico, excepto por extensión directa del tumor primario
    Excepto los linfomas de células T del ID en presencia de esprue celíaco, casi todos los linfomas intestinales primarios son linfomas de células B no Hodgkin, de malignidad intermedia o elevada.Clasificación de los linfomas
    Linfoma de células B Linfoma de MALT de células B de grado bajo (MALT: tejido linfoideo asociado a la mucosa)
     Linfoma de MALT de células B , ± componente de grado bajo
     Linfoma mediterráneo, grados bajo, mixto y elevado
     Linfoma maligno, centrocítico
     Linfoma símil Burkitt
     Otras formas de linfoma correspondientes a la clasificación de ganglios linfáticos periféricos

    Linfoma de células T Linfoma de células T asociado a enteropatía
     Linfoma de células T no asociado a enteropatía

    La presentación inicial común es con dolor abdominal, astenia, diarrea, adelgazamiento y a veces fiebre. Menos comunes son la hemorragia gastrointestinal, la obstrucción y la perforación (25%). Las tres cuartas parte de las lesiones son grandes (más de 5 cm) con o sin compromiso ganglionar regional.
    En la siguiente tabla se resumen los criterios comparativos de 3 sistemas de estadificación diferentes.
    La supervivencia de estos tumores es de 25 a 30% a los 5 años, dependiendo del grado (estadio superior a IIE2, >10 cm, presencia de inmunoblastos y aneuploidia, linfocitos T Inmunoperoxidasa positivos y abdomen agudo. Los linfomas de linfocitos B tienen mayor supervivencia  (75% en una serie).
    Otras formas menos frecuentes de linfomas intestinales incluyen los MALTomas, los que han sido relacionados con H. pylori y la macroglobulinemia primaria de Waldenström.